

Cuidador@s: maternizar a la sociedad y desmaternizar a las mujeres
Por Aida Sánchez
¿Somos las mujeres mejores cuidadoras que los varones? ¿O es que aprendimos muy bien el rol a través de siglos de que nos haya sido inculcado? ¿Cómo rediseñar la división sexual del trabajo que relegó a las mujeres a estos espacios y a los varones los expulsó de ellos?
Seguramente sea cierto que hoy las mujeres saben cuidar mejor que los hombres a pequeños y mayores. Entendemos que ello es fruto de un aprendizaje social de años, pero hay quien dice que esto es así por una cuestión biológica, que las mujeres nacen con esa aptitud por naturaleza. Expertos y expertas nos ayudan a desmontar tan peligroso tópico. Peligroso, porque en él se base un reparto desigual del trabajo y de la independencia de hombres y mujeres.
Hemos hablado con cuatro expertos para que nos ayuden a desmontar este tópico. Esto es lo que nos han dicho:
Antonio Borbolla, antropólogo social.
La educación recibida y los mensajes que transmite la sociedad favorecen la concepción de que la mujer está mejor preparada que el hombre para el cuidado, ya que se supone que tiene más capacidad de abnegación, de sufrimiento y es más voluntariosa. Las investigaciones de la antropología social alrededor de ese tópico, sin embargo, desmontan las teorías biologicistas que hablan de unas ´aptitudes naturales´ que tendrían las mujeres para cuidar ´mejor´ de su familia y de las relaciones afectivas.
Los poderes del cuidado se han conceptualizado a lo largo de la historia en conjunto como maternazgo, por estar de alguna forma asociados a la maternidad. La fórmula enajenante asocia a las mujeres cuidadoras al uso de su tiempo principal a actividades cuyos principales destinatarios son ´los otros´. Son las mujeres, pues, a las que ´les tocaría´ cuidar a sus hombres, familias, hijas e hijos, parientes, comunidades, personas enfermas, etc.
Además, la cultura patriarcal que construye el sincretismo de género fomenta en las mujeres la satisfacción del deber de cuidar, convertido en deber histórico natural de las mujeres y, por tanto, deseo propio.
Sandra Siles, psicóloga y miembro del Forum joven de política feminista:
El feminismo del siglo XX ha realizado la crítica del modelo ´superwoman´ y ha denunciado la explotación de las mujeres a través del trabajo invisible y de la desvalorización de muchas de sus actividades. Ha logrado llevar a la agenda de las necesidades sociales, la violencia contra las mujeres y ha realizado pequeñas modificaciones jurídicas y legislativas en el Estado. Sin embargo, nos queda por desmontar el tópico de que las mujeres son mejores cuidadoras y que, por tanto, es su deber serlo, aunque resulte tener que cargar con una doble jornada y una doble vida. Para ello son necesarios cambios profundos en la organización socioeconómica: en la división del trabajo, en la división de los espacios, en el monopolio masculino del dinero, los bienes económicos, y en la organización de la economía, de la sociedad y del Estado.
Entre otras cosas, es prioritario que se dé un cambio real en la mentalidad de la sociedad que posibilite cambiar patrones de conducta tan enraizados, donde la división tradicional de roles persiste. Hemos afirmado muchas veces que se trata de ´maternizar a la sociedad y desmaternizar a las mujeres´.
Irene Peláez, socióloga especialista en género, lidera una investigación sobre el cuidado en Castilla y León:
El hecho de que las mujeres cuiden mejor a menores y ancianos se debe a múltiples factores como el ciclo de la familia, la situación laboral de la mujer, la incompatibilidad entre rol familiar y laboral, la persistencia de estereotipos de género y la educación recibida, en ningún caso tiene nada que ver con contar con unas características biológicas determinantes y diferenciadas a las de los hombres.
Wilbert Zarco, doctor en biología e investigador del Instituto de Neurobiología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM):
A la luz de recientes descubrimientos sobre plasticidad cerebral, es importante subrayar el hecho de que nuestras diferencias son cualidades de complementariedad, notando que las predisposiciones cognitivas de género no limitan en ningún sentido el desarrollo intelectual para incursionar en cualquier ámbito del quehacer humano.
La reciente investigación Interpretando el cuidado. Por qué cuidan sólo las mujeres y qué podemos hacer para evitarlo de la Fundación Ede también evidencia cómo un modelo familiar basado en la división sexual del trabajo ha venido favoreciendo un reparto de tareas nada equitativo según el cual la mujer se acaba encargando de la asistencia a las demás personas, y la influencia que este hecho tiene en el modo en que viven las mujeres su papel de cuidadoras.
Una tarea tan fundamental para una sociedad como es el cuidado, todavía hoy sigue siendo asignada como condición natural al género femenino. Puede hablarse […] de una forma de vincular afecto a cuidado e infravalorar todo tipo de tareas desempeñadas mayoritariamente por las mujeres, algo que es aprendido en el proceso de socialización.
La completa interiorización del rol de cuidadora como máxima responsable del bienestar de la persona cuidada se sustenta en el rol de género que las mujeres han debido de asumir tradicionalmente; un rol que, fundamentado en la división sexual del trabajo y en estructuras psico-sociales que lo legitiman, las mujeres han interiorizado y reproducen, en mayor o menor medida, a lo largo de toda su vida.
No debe de olvidarse, además, que el rol femenino tradicional lleva implícito el cuidado y la implicación emocional, por lo que las mujeres llegan a entender el cuidado como una forma de comunicación con quien precisa de ayuda.
Más información: http://www.artemisanoticias.com
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